Mi primer mes viajando sola
- Tiare Aros
- Mar 30, 2023
- 11 min read
Pensé que estaría escribiendo este post desde la latitud sur de Nueva Zelanda, pero como acá los planes cambian cada 8 horas (igual que mi cerebro) y tomé en cuenta lo que me decía mi estómago, finalmente no crucé a la isla sur (y no lo volveré a intentar hasta que se acabe mi visa). Cabe aclarar que lo intenté, les juro que lo intenté, y me forcé y presioné quizás mas de lo que debí por llegar a la isla sur, pero por segunda vez cancelaron mi ferry, y esta vez, reagendar me amarraba al menos 14 días mas en Wellington (ciudad que no me gustó) y donde por supuesto, no me iba a quedar a esperar simplemente por seguir con mi terquedad. Opté por mi sanidad mental, por retornar a donde puedo refugiarme y donde hay personas que me hacen reír constantemente, a la casa de los chilenos mas adorables en Auckland (que por cierto me recibieron con mucho amor y cariño).
Pero eso no quita el siguiente logro, que para mi es bastante, que es haber recorrido la isla norte de punta a punta. Claramente este viaje no comenzó ni fue realizado en este mes, comenzó hace bastante, y gran parte del viaje, lo hice acompañada (excelente compañía porqué no decirlo; que ya no está presente en mi vida, pero esa es harina de otro costal) pero la parte que me faltaba por recorrer de la isla norte, lo realicé sola, con mi rápido y furioso al mando (mi auto).

Partí un 5 de marzo desde la casa, con todo adentro del auto, y esta idealización de mi experiencia, siempre generando altas expectativas, claramente, en eso soy experta. Y me tocaron paisajes hermosos. Todo el camino vas siguiendo el cuace del río Waikato, tomando un camino interno para acercarme hacia el Parque Nacional Tongarino. Ya que mi última aventura en la isla norte, había terminado ahí (haces unos meses atrás) y ahí mismo decidí retomarla. Esto también producto de una oferta laboral para trabajar dentro del hotel del parque nacional. Pero todavía no llego allá.
Seguí manejando entonces, hasta encontrar algún camping gratis para pasar la noche, lo cual es muy común y seguro de hacer acá en esta latitud del mundo. Así es que maneje 4 horas hasta llegar a un pequeño pueblo, donde encontré un camping a las orillas de un hermoso lago, llamado "Mangakino".

Aquí pasé mi primera noche durmiendo sola en mi autito, con un poco de frío y porqué no decirlo, temor; ya que los viajes anteriores tenía alguien a mi lado a quien recurrir en caso de cualquier cosa. Pero lo superé, dormí poco, empezó a llover, corría viento, y yo me imaginaba rodando por el lago adentro del auto (muy dramática) pero lo logré. Y al despertar al siguiente día me sentía un poco mas fuerte y valiente después de haber superado mi primera noche sola. Así que comencé a manejar desde temprano, en dirección al hotel, donde tenía una entrevista, y ver qué tal iba la cosa.
Cuento corto, el hotel lucía super lindo, y con ambiente muy relajado. Hartos working and holidays trabajando desde hace unas semanas antes en el mismo hotel, y todos hacían lo mismo: limpieza en las mañanas, y en las tardes, en el restaurante del mismo hotel. Ofrecían acomodación a 16km del hotel, por un precio razonable ($160 la semana) y estaba todo relativamente cerca.

Ese día entonces, firmé mi contrato, el cual sería en primera instancia de una semana, porque nunca antes había trabajado en algo así y quería ir viendo como se daba la situación, y me llevaron a conocer la casa (del terror) donde se supone viviría. Digo que la casa era del terror, porque les juro que parecía sacada de una película de los años 80 -90 donde seguramente matan a alguien durante la noche. Era de madera vieja, gris y estaba echa un desastre en cuando a orden y limpieza, ya que esas casas no se usaban hace un tiempo atrás. En esa casa viviríamos 5 personas: Megan y Aaron, ambos del UK, se conocieron en Paihia, se enamoraron y siguieron viajando juntos; Sofía y Martín, ambos desde Francia que llevaban una relación de años viajando y recorriendo, y yo (prepárense porque en este viaje conocí mas parejas que nunca, con historias de amor mas envidiables que las mías al menos). Y entre los 5, tratamos de limpiar y acomodar la casa, para que fuera mas humano habitar allí, y lo logramos, al día siguiente ya estaba harto mas decente y hasta olía rico.
Y bueno, tocó comenzar a trabajar, en la mañana, haciendo camas como loca, estilo hotel 5 estrellas, trabajando en cadena todos, para lograr sacar a tiempo las habitaciones asignadas por el día. Estábamos en esto entre 4 y 5 horas, y luego teníamos una ventana de 3 o 4 horas mas, hasta volver al restaurante, donde yo iba a trabajar de mesera.
Y qué me dijeron a mí, en esos break de horas, yo agarraba mis cosas y me iba a recorrer el parque nacional, que por lo demás es bellísimo y está lleno de cortas caminatas alrededor del volcán (no subí el volcán porque en el viaje anterior, con mi amigo, ya lo habíamos subido) pero me dediqué a abarcar las caminatas adyacentes.
Entre estas caminatas, destaco siempre poder mirar al volcán Tongarino, desde donde sea que uno se encontrara, y estuviera despejado por supuesto. Las cascadas maravillosas, donde incluso me bañe en una de ellas, y la otra, famosa por su apareción en la película "El señor de los anillos", llamada la piscina de "Gollum".
Debo admitir que esto era lo que mas me motivaba de estar trabajando acá; estar en un lugar tan majestuoso, donde podía dar rienda suelta a mi espíritu aventurero y salir a caminar libremente en la naturaleza. También fue una buena experiencia conocer gente joven de otros países, escuchar sus historias e inspirarse un poco más con tantas experiencias lindas.
Respecto al trabajo, no me gustó del todo, porque finalmente no era posible hacer tantas horas como acostumbraba en Auckland lo cual permitía ahorrar más dinero, y tampoco me gustó el aislamiento de la villa para abastecerse de productos básicos como para comer o incluso ponerle bencina al auto. Así que me quedé la semana que había firmado por contrato y luego, decidí moverme nuevamente a otra ciudad.
La gracia que tiene esta ciudad que escogí para moverme, es que en ella habitaba el último volcán grande que me faltaba por subir, del cual nació el primer post de este blog "Taranaki".
Llegué a New Plymouth un martes a las 10 de la mañana, porque obvio, también ya tenía agendada una entrevista de trabajo, para un restaurante (pizzería) donde me aceptaban trabajar 10 días y luego irme, que era lo que tenía pensado hacer, mientras recorría la zona, subía el volcán y luego continuaba hacia el sur de la isla, para tomar mi bello (y maldito) ferry.
Esta ciudad me recibió con un hermoso día soleado, y una magnifica entrevista de trabajo, donde comenzaría inmediatamente como cajera - bartender en la pizzería (pero mentira porque terminé haciendo de todo, lo cual no me molesta en realidad) pero, con un tremendo problema logístico que no consideré. Ese fin de semana, sería el WOMAD que es un festival cultural muy famoso en NZ, que era justo en esta ciudad, motivo por el cual todo estaba lleno, hasta los camping. Entonces logré encontrar espacio pero solo hasta la mañana del viernes, luego de eso, Mamita Karina, rescátame porque no había donde quedarse. Así que nuevamente, bendito Facebook, me salvó. Postié con toda la fé del mundo, que no tenía donde quedarme, que necesitaba solo espacio para estacionar mi auto, porque podía dormir adentro, y baño. Me hablaron 3 personas, en diferentes momentos, para ofrecerme quedarme en sus casas gratis, esos días donde no había opción alguna en la ciudad. Así que, como ya estaba trabajando desde el día 1 que llegue a la ciudad, al dejar el camping, y después de trabajar, partí a la casa de la primera persona que me había hablado, un chileno llamado Sebastián, quien vivía a 30 minutos del centro, al lado de una granja. Y con toda la fé puesta en que era buena persona y nada malo pasaría, allá llegue. Y no me van a creer, pero llegué a una casa hermosa, en una pradera verde, llena de vacas y ovejas, a 10 minutos caminando de la playa, donde vivía Seba con su novia Nz, Andrés (brasiñelo) con su novia alemana (una mezcla esta casa) y los pollos y gallinas de la granja. Me estaban esperando con la pieza limpia y ordenada para mí, y un pan amasado en el horno. Quería llorar, porque no pensé que existiera gente así de amable y linda por estos lados, y que me fueran a recibir tan amorosamente, sin siquiera conocerme. Y qué me dijeron a mi, pues me quedé. Esa tarde, tomamos tecito todos juntos, ellos ahí contándome sus historias (nuevamente hermosas historias de amor y aventura, yo llorando por dentro claro, siempre digna) y coronamos la jornada, compartiendo un porrito bajos las estrellas.
Aquí me quede mis días próximos hasta dejar la ciudad, y como ya se han de imaginar, trabajaba por las mañanas o en las tardes, pero en mis tiempos libres, siempre salía a recorrer el área.
Así fue como logré conocer algunos lugares muy lindos de esta zona, entre ellos el lago Mangamahoe, donde tienes una hermosa vista del volcán, luego escalé el Paritutu Centennial, y literal se escala agarrado de unas cadenas para llegar a la cima, y poder contemplar la vista de la costa.
Todo esto ocurría, cuando llegó a la ciudad mi amiga Alemana, que conocí en el hotel Tongarino Leonie. Una joven de 19 años, que antes de comenzar a estudiar y decidir que hacer con su vida (yo le sugerí que viajara mucho antes de cualquier cosa) anda viajando por Nz. Y nos decidimos acompañar unos días, con la meta de subir juntas Taranaki.
Así fue como recorrimos algunos senderos juntas, el parque Pukeiti, donde se cuenta la historia de varias especies de flora nativa en Nz, y por supuesto Taranaki. Y aquí anduvo flaqueando mi amiga, y no logró hacer el trekking conmigo, pero al menos, logramos coordinar el tema de los autos para yo poder hacerlo. Y luego de los 18 km ya mencionados, no vi nada, porque estaba mas nublado que la cabeza de la Tiare por las noches antes de dormir, pero, estuve allí, se los aseguro.
Y llegó el momento de dejar New Plymouth y partir hacía mi siguiente destino en la isla norte "Whanganui". Localidad muy generosa con sus paisajes, gente amable y camping gratis para pasar la noche. Esta ciudad fue como viajar en el tiempo, ya que se caracteriza por tener íntegros en medio de la moderna ciudad, el ascensor, usado desde el año 1919, la torre de vigilancia del mismo año, y el tren en la ciudad, que si bien no es funcional del todo, es una gran atracción para turistas; así como también el barco a vapor, que recorre el río Whanganui.
Acá solamente me quede una noche, y al día siguiente, le dediqué unas horas a la ciudad para recorrer y visitar todos estos hermosos lugares.
Cabe mencionar que para subir la torre hay 176 escalones, donde puedes mirar por las ventanas distintos ángulos de la ciudad, para luego llegar a la cima y poder apreciar toda la hermosa localidad y por supuesto, el río que cruza la ciudad entera.
Este es el vídeo de la experiencia dentro del ascensor, que recorre desde la cima de la montaña, donde se encuentra la torre de vigilancia, hasta la ciudad, en tan solo 2 minutos. Se mantiene lo mas cercano posible a la época a la que fue construido realmente, y al menos la gente local, tiene sus tarjetas diarias para subir y bajar, ya que alrededor de dicho sector, esta lleno de casa residenciales.
Así se pasó volando el día, y antes que me abandonará la luz del sol, emprendí nuevamente el recorrido hacia el sur, para lograr llegar a Wellington antes que me pillara la noche, la lluvia y el viento.
Y nuevamente Facebook me salvó en Wellington, ya que sabía que solo me quedaría dos días en espera del Ferry, y una amable profesora llamada Cindy, me ofreció quedarme en su pieza de alojados, por $15 ($7.500 pesos chilenos) y poder usar todas las acomodaciones de la casa, lo cual era completamente necesario, después de un largo día de viaje.
Y debo decir, que a pesar de lo emocionada que me sentía por estar tan lejos, recorriendo y conociendo lugares nuevos, no me gustó para nada la ciudad. Es como una versión mas limpia y ordenada de Valparaíso, pero sin la magia de mi quinta región. Corre un viento que te cala los huesos, y te tambalea al caminar, como cuando uno camina por las calles de Punta Arenas en invierno, y llueve y llueve sin parar. A pesar de ello, tenía algunos lugares que quería conocer y tratar de encontrarle encanto a la ciudad, pero a pesar de aquello, no se lo encontré.
Algunos de los lugares que quería visitar y que logré hacerlo fue el centro de la ciudad, donde se puede apreciar el cartel del nombre de la ciudad; la letra I no está porque se supone que debes tu posar como la letra, pero el trípode se volaba con el viento y no lo logré; acá también se encuentra el hombre solitario contra el viento. Luego decidí salir a caminar más hacia el CBD, que mucha vida no tenía y me encontré con el cable car, que es una atracción muy concurrida en la ciudad. Pagas $11 por ir y volver, a la hora que tu estimes, ya que el recorrido del cable car, termina en la punta del cerro, donde puedes recorrer el jardín botánico, que no es muy lindo tampoco, en comparación con otros jardines que ya he recorrido acá.
Y el imperdible de la ciudad, es el museo Maorí mas importante de Nz llamado "Te papa", donde se puede aprender un poco mas sobre la cultura Maorí, que honestamente, estando acá mismo en el país es díficil de ver a simple vista, a menos que entres a museos varios o conozcas a gente maori que te puede enseñar un poco mas sobre la cultura.
Varias locaciones del señor de los anillos también son fáciles de encontrar en wellington, pero son muy caras a mi parecer, así que por ello me dedique a caminar y recorrer el sector de Miramar, donde se pueden encontrar diferentes estatuas gratis en la calle, cerca del cine Roxy.
Y lo último realizado, antes de enterarme de que cancelaban mi ferry, no había solución y decidiera retornar a Auckland, decidí ir a las rocas rojas, donde se pueden apreciar y avistar animales como delfines, ballenas y lobos marinos, además de las rocas; cosa que no sucedió del todo, porque a mitad del camino, que son como 5km entre ir y volver, se puso a llover pero como el fin del mundo, quedé mojada de pie a cabeza, y no logré ver a ningún animalito. Pero las rocas estaban ahí, obvio, esperando por mi.
Y bueno, luego de haber viajado y recorrido estos días, y haber pasado por la crisis y frustración que me generó tener que regresar, porque debo admitir, que tenía ya todo tan planeado en mi cabeza para arribar al sur y comenzar con una nueva etapa, y después de hablar con algunas amistades que ayudaron a calmar mi mente, debo decir que me siento orgullosa de mi misma, por haberme atrevido a viajar y recorrer, de poder decir que visité los lugares que tenía en mente y que a pesar que la operación isla sur fracaso, me siento tranquila con la experiencia y los resultados de ésta.
Enfrento hoy mi regreso a Auckland mas preparada para lo que se viene en los siguientes meses, y con las metas mas claras. Ya me dejaré de popular por aquí y por allá, intentaré volver a establecerme en la ciudad, dedicarme a trabajar y ahorrar para lo que se viene cuando mi visa se acabe... ¿Qué se viene? pues no tengo idea, pero algo saldrá, ideas no me faltan, tal vez si compañia, pero eso también es parte de la aventura, ycomo ya les dije, mi cerebro se resetea cada 8 horas; así que conmigo, nunca se sabe.
Gracias por leerme
Cariños























































































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