Trabajar en el extranjero
- Tiare Aros
- Apr 16, 2023
- 5 min read
Esta si que ha sido una aventura tremenda, porque me vine para este país, con cero expectativa de que es lo que podía hacer para trabajar, y sin mucha experiencia en oficios turísticos; pero hoy en día, se ha convertido en mi fuerte.
Lo único que sí sabía, era que no quería trabajar en el ámbito educacional, porque me vine arrastrando esta desmotivación y desencanto con mi profesión, por lo tanto, ni título ni certificados que acrediten que algunos meses atrás, era profesora.
Así que llegué acá, y me puse a inventar un Cv. que fluctuaba entre mis experiencias siendo estudiante universitaria, donde debo admitir, las hacía todas para poder ahorrar plata y pagarme la universidad y mis cosas; trabajé de empaque, cajera, recepcionista, reponedora, ejecutiva de atención al cliente, garzona, limpiando casas, ay dios! Tantas cosas!

Y salimos con Sebastián, que es quien está mas cerca mío en la foto (ese cara de bebé de 26 años adorable), a dejar Cv. en todos lados por las calles principales del la ciudad.
Y sin siquiera esforzarnos mucho, recibimos llamados de varias partes, porque en ese momento en la ciudad hacía falta mucha mano, pero como siempre, una gorda lechona, nos quedamos con este, porque la comida era increíble y lo mejor de todo, es que el dueño del local (Kris, representando a India) nos atendió muy bien en la entrevista de trabajo, con comida y tragos incluidos, beneficio del cual, Francisco también aprovecho.
En este restaurante que mezclaba comida de Fiji, India y Asia en general, ofrecía un servicio de primera calidad, y además cocktails (que en ese momento no era accesible para mí). Y yo, me iba a desempañar como garzona. Y bueno, terminó siendo, en un comienzo una buena experiencia, aprendiendo un montón de la comida, del idioma también porque yo venía recién removiendo mis neuronas inglesas, y tratando de entregar el mejor servicio, con mi cara llena de risa, y empatía a flor de piel.
Pero no todo es color de rosa señores, porque duro poco la gloria en este local. Particularmente conmigo no tuvo muchos arranques de locura el jefe o el chef, que era un señor mas viejo que mis zapatillas, y que solo hablaba Indú, así que por ahí ya partimos mal. De a poco el jefe fue demostrando ciertas actitudes poco amigables, cuando uno cometía algún error, o cuando con Seba hablábamos en español, o conversábamos o nos reíamos por algo. Y para que decir, cuando te llamaba la atención o te retaba, incluso aveces frente a clientes. Pero creo que el día que todo se derrumbó (como la canción) fue cuando un día el chef se enojó y se puso a maldecir y a tirar los sartenes y ollas. Sebastián y yo, quedamos en shock, porque no esperábamos ese trato, además que poco tiene que ver la cocina con nosotros, uno es el mandado no mas para llevar y traer los platos. Además nunca fue de garzona nada mas el trabajo, porque a ratos nos mandaba a limpiar, a lavar los platos, y claro, terminábamos haciéndolas todas.
Después de eso, solo hubo una seguidilla de comentarios y malos tratos, mas hacía mi querido amigo, y bueno, nada quitaba que eso también llegara a ocurrir conmigo; así que decidimos comenzar a buscar nuevamente trabajo.
A pesar de ello, para ser la primera experiencia, no estuvo tan mal, y rescato lo siguiente; insertarse en el mundo de la hospitalidad acá, practicar el idioma, aprender a llevar de a miles platos y vasos y usar las máquinas super tecnológicas y a llevar las bandejas con mil vasos sin romperlas.
Así fue como llegué a mi segundo trabajo: Garzona en un restaurante de asados y parilladas.

En este local, la paga era mucho mejor, porque necesitaban gente urgente y yo, siempre dándolo todo, dije que sí y me cambié de un día para otro de trabajo. Ojo que esto NO se debe hacer en teoría, ya que piden en todos lados 2 semanas de aviso antes de irte; pero las lucas eran buenas, quedaba a 5 minutos de mi casa caminando y tenía oportunidades de crecimiento laboral; así que me cambié.
En este trabajo, duré 3 meses, y llegué a disfrutar ir a diario, la gente era muy amable, tenía compañeros de trabajo simpáticos y me sentía cómoda, la mayor parte del tiempo. La manager tenía novia chilena, así que por defecto creo que le caía bien, aunque quizás no era tan leal como ella decía, y el jefe (uffffff) un hombre adulto, zorrón, soltero y maorí, que a ratos era un encanto, a ratos un torbellino que destruía todo a su paso, pero buen jefe dentro de todo (sin alcohol, o drogas de por medio) Porque igual en este mundo del hospitalidad se ve de todo por acá, no les voy a mentir, pero bueno, no me desviaré.
Con el paso de los días, uno se va empoderando con la historia que estas viviendo, y en este local, terminé aprendiendo acerca del oficio de bartender, gracias al que allí trabajaba y me enseñó (que es lo que hoy por hoy hago) y también, el último mes que estuve allí, reemplace a la manager, con funciones mas difíciles y de responsabilidad, que finalmente, me sirvió mucho para aprender a desenvolverme y a empoderarme con el tema.
Pero la historia termina cuando, posterior a las fiestas de navidad y año nuevo, cierran por 4 semanas, y a mí, la última de la fila, no me pagaban las vacaciones, y ustedes comprenderán que no podía estar 4 semanas sin recibir sueldo, porque se escapaba completamente de mis planes. Además me había pegado unos viajes antes, y debía recuperar recursos, así que adiós a este trabajo.
Y después de este trabajo, he polulado de un trabajo a otro, porque hay que decirlo; al principio abundaba el trabajo por todos lados, y las ofertas llovían, pero desde enero del 2023 no es tan fácil, y ofrecen menos plata, menos horas y no hay muchas opciones para regodearse como al principio. Así que active el modo busquilla, y terminé haciendo de todo un poco. Trabajaba de cleaner en las mañanas en hoteles, y en las tardes de bartender en un bar. Luego me fui de ambos y durante mi v
iaje en solitario (donde hablo en uno de mis post anteriores) trabaje de limpieza, garzona y cajera en restaurantes y hoteles, y bueno; cuando regresé a Auckland con el rabo entre las piernas, me metí en productoras donde piden gente para eventos en hoteles o conciertos, y ahí uno va a hacerlas todas, por $25: entre garzonear, servir tragos, montar o desmontar mesas de eventos masivos, ordenar y limpiar platos, cubiertos, servilletas, todo un universo de labores en esas agencias.
Y ahora, empezando nuevamente a buscar algo estable y con horas seguras a la semana, me encuentro nuevamente en búsqueda y en este constante reseteo de sistema.
Me quedo de todas las experiencias, con lo positivo siempre de haber pasado por todas y cada una de ellas: conocer gente maravillosa en el camino, aprender cosas nuevas como ser bartender, incrementar el vocabulario en inglés, disfrutar de atender a gente, tener conversaciones con gente que no conozco de la nada.
Y para que decir del crecimiento personal, esto de exponerse a nuevas experiencias, a comenzar de nuevo, atreverse y seguir adelante a pesar de todo.
Esto ha sido mi vida labora, de momento en estas latitudes. Toda una aventura, que espero disfruten conmigo.
Gracias por leerme!









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